La percepción de inseguridad en carreteras mexicanas se ha convertido en un factor determinante en la toma de decisiones de ciudadanos, transportistas y empresas logísticas. Más allá de los hechos delictivos, el miedo (fundamentado o no) condiciona rutas, horarios y estrategias operativas. En este contexto, el monitoreo activo resulta una herramienta indispensable en la gestión de riesgos, no solo para reaccionar ante incidentes, sino para anticiparlos. Entender cómo se construye esta percepción y qué implicaciones tiene resulta clave para dimensionar su impacto real en la movilidad y en la cadena de suministro.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en diciembre de 2025 el 63.8% de la población adulta consideró inseguro vivir en su ciudad. En el caso específico de las carreteras, el 58.9% de las personas mayores de 18 años manifestó sentirse insegura al transitar por estos espacios, el nivel más alto registrado en los últimos cinco años y el más elevado desde diciembre de 2019. Estos datos no son aislados: reflejan una tendencia que ha ido en aumento durante el año, superando mediciones previas.
El incremento en la percepción de inseguridad
La percepción de inseguridad se alimenta de experiencias directas, testimonios, noticias y dinámicas sociales visibles en el entorno cotidiano. En el último trimestre de 2025, casi seis de cada diez personas consideraron que la inseguridad seguirá igual de mal o empeorará en los próximos doce meses. Esta expectativa negativa refuerza el temor y consolida una narrativa de riesgo constante.
En el ranking de espacios donde la población se siente más insegura, las carreteras ocupan el cuarto lugar, solo por debajo de:
- Cajeros automáticos en vía pública (72.3%).
- Transporte público (64.9%).
- Calles (64.9%).
Que las carreteras se ubiquen en esta posición es significativo, ya que no se trata únicamente de vías de tránsito, sino que son arterias económicas que conectan centros productivos, puertos, ciudades industriales y puntos fronterizos. Cuando casi el 60% de la población declara sentirse insegura al transitarlas, el impacto rebasa lo individual y alcanza lo estructural.
Además, el contexto social refuerza esta percepción. Una proporción considerable de la población reportó haber presenciado situaciones como consumo de alcohol en la vía pública, robos o asaltos, venta o consumo de drogas y disparos frecuentes.
Aunque no todos estos eventos ocurren directamente en carreteras, sí configuran un clima general de inseguridad que se proyecta hacia cualquier espacio público, incluyendo las vías interurbanas.
En el ámbito del autotransporte de carga, esta percepción se traduce en ajustes operativos concretos, tales como:
- Restricción de horarios nocturnos.
- Selección de rutas más largas pero consideradas más seguras.
- Incremento en costos por seguros y dispositivos de rastreo.
- Mayor rotación de operadores que buscan rutas menos riesgosas.
Del miedo a la modificación de hábitos
Uno de los indicadores más reveladores de la percepción de inseguridad es el cambio de comportamiento. Cuando el temor altera rutinas, estamos ante un fenómeno con implicaciones sociales profundas.
En el último trimestre de 2025, los datos muestran que:
- 42.5% de las personas dejaron de portar objetos de valor.
- 38% evitaron que menores salieran solos.
- 37.1% dejaron de caminar de noche.
- Cerca de una cuarta parte redujo visitas a familiares o amistades.
Si estos cambios se observan en entornos urbanos, es razonable inferir que en trayectos carreteros el efecto puede ser aún más marcado. Para muchos conductores particulares, viajar por carretera implica ahora:
- Evitar ciertas rutas identificadas como conflictivas.
- Planear trayectos exclusivamente de día.
- Informar constantemente su ubicación a familiares.
- Suspender viajes no esenciales.
Confianza institucional y brechas persistentes
Otro componente central en la construcción de la percepción de inseguridad es la confianza en las autoridades. Las encuestas muestran que las fuerzas armadas concentran los niveles más altos de percepción de efectividad, mientras que las policías estatales y municipales registran niveles significativamente menores.
Cuando casi la mitad de las personas que tuvieron contacto con autoridades de seguridad reportan haber experimentado algún acto de corrupción, el mensaje social es claro: la presencia institucional no siempre se traduce en confianza.
Este factor influye directamente en cómo se perciben las carreteras. La ciudadanía no solo evalúa el riesgo delictivo, sino también:
- La capacidad de respuesta ante una emergencia.
- La probabilidad de recibir apoyo efectivo.
- La transparencia en los procesos de denuncia.
- La coordinación entre niveles de gobierno.
Adicionalmente, el hecho de que 32.3% de los hogares haya tenido al menos una víctima de robo, extorsión o fraude en el segundo semestre de 2025 refuerza la idea de que el delito forma parte de la experiencia cotidiana. Esa vivencia directa amplifica la percepción en todos los espacios, incluidas las vías de comunicación terrestre.
En el sector logístico, esta realidad ha impulsado una profesionalización de la gestión de riesgos. Hoy, además de seguros y protocolos de emergencia, muchas empresas implementan:
- Análisis de rutas basados en datos históricos.
- Centros de control con seguimiento en tiempo real.
- Protocolos de comunicación permanente con operadores.
- Evaluaciones periódicas de zonas de riesgo.
Sin embargo, es fundamental entender que la tecnología y los procesos privados operan como mitigadores, no como sustitutos de la seguridad pública. La percepción solo disminuirá de manera sostenida cuando exista coherencia entre estadísticas, experiencias ciudadanas y resultados institucionales.
En conclusión, la percepción de inseguridad en carreteras es un fenómeno complejo que combina datos objetivos, experiencias personales y expectativas sociales. El hecho de que 58.9% de la población declare sentirse insegura al transitar por carreteras no puede analizarse de forma aislada: forma parte de un contexto más amplio donde 63.8% considera inseguro vivir en su ciudad.
Para el sector del autotransporte y la logística, comprender esta dinámica es estratégico. No se trata únicamente de reaccionar ante siniestros, sino de anticipar cómo el miedo influye en operadores, clientes y socios comerciales.
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Fuente: TyT