La logística y el transporte de carga operan hoy en un entorno altamente dinámico, digitalizado y fragmentado. La subcontratación de múltiples actores, el uso intensivo de plataformas digitales y la necesidad de tomar decisiones operativas en tiempo real han incrementado la eficiencia, pero también han ampliado de forma considerable la superficie de riesgo. Es así que el fraude logístico ha evolucionado y ya no se limita al robo físico de mercancía. Correos electrónicos falsos, llamadas urgentes, documentos aparentemente válidos y órdenes de entrega manipuladas forman parte de un problema cada vez más frecuente. Por ello, además de controles contractuales y administrativos, el monitoreo activo de las operaciones empieza a consolidarse para detectar desviaciones del trayecto antes de que se materialicen en pérdidas financieras y reputacionales.
Fraude logístico interno
Este es una de las amenazas más complejas dentro del transporte de carga, no porque sea difícil de ejecutar, sino porque suele pasar desapercibido durante largos periodos. A diferencia de lo que se piensa comúnmente, no siempre está asociado a empleados con intenciones delictivas evidentes, sino a deficiencias en el diseño de los procesos, controles internos débiles y una segregación de funciones mal definida.
En operaciones logísticas con alta carga administrativa, es habitual que una misma persona tenga la capacidad de autorizar movimientos, validar documentos y aprobar ajustes operativos. Esta concentración de funciones, sumada a la falta de auditorías periódicas, crea el escenario ideal para la manipulación de información y el desvío de activos.
Entre las prácticas más comunes de fraude logístico interno en el transporte de carga se encuentran:
- Alteración de documentos de transporte, como cartas porte, órdenes de carga o comprobantes de entrega.
- Desvío parcial o total de mercancía en rutas específicas, aprovechando puntos ciegos en la operación.
- Manipulación de facturas, tarifas o recargos logísticos para beneficio personal o de terceros.
- Creación de proveedores o transportistas ficticios para justificar pagos indebidos.
No obstante, la prevención del fraude interno requiere ir más allá de la confianza personal, ya que también implica diseñar procesos con validaciones cruzadas, responsabilidades claramente separadas y mayor visibilidad operativa.
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Fraude externo
El fraude logístico externo, particularmente el basado en ingeniería social, se ha consolidado como una de las principales amenazas para el transporte de carga. Su peligrosidad radica en que no requiere vulnerar sistemas tecnológicos ni acceder de forma ilícita a plataformas: se apoya en la manipulación de la confianza, la urgencia y la rutina operativa.
Los delincuentes analizan los procesos logísticos, replican estilos de comunicación y utilizan información real para hacerse pasar por directivos, proveedores, intermediarios o clientes. En muchos casos, basta un correo electrónico o una llamada telefónica para provocar una acción que desencadene la pérdida de dinero o mercancía.
Las modalidades más frecuentes de fraude externo en logística incluyen:
- Suplantación de identidad de directivos o responsables operativos para ordenar pagos urgentes o cambios de instrucciones.
- Envío de correos electrónicos con dominios casi idénticos a los originales, difíciles de detectar a simple vista.
- Órdenes falsas de entrega o liberación de carga, aprovechando la presión por cumplir tiempos.
- Interceptación de comunicaciones legítimas para modificar datos bancarios o destinos de entrega.
Un caso común ocurre cuando un operador recibe una instrucción urgente para cambiar el destino de una carga en tránsito, supuestamente enviada por un intermediario habitual. La información coincide con el embarque real y el tono del mensaje transmite autoridad y urgencia. Si no existe un protocolo de doble validación, la instrucción se ejecuta y la mercancía termina en manos equivocadas.
Aquí es donde el monitoreo activo de la operación aporta valor adicional. La detección temprana de desvíos de ruta, paradas no programadas o cambios inesperados permite activar alertas que obliguen a verificar la legitimidad de la instrucción antes de completar la entrega. Aunque no elimina el riesgo por completo, sí reduce significativamente la probabilidad de éxito del fraude.
Su impacto en el transporte de carga
Más allá de cómo se ejecuta un fraude logístico, uno de los aspectos menos analizados en el transporte de carga es su impacto estructural en la operación y en la toma de decisiones estratégicas. Cuando ocurre un evento de fraude, la pérdida de mercancía suele ser solo la parte visible del problema. Detrás de ese incidente se activan consecuencias financieras, legales y reputacionales que pueden comprometer seriamente la continuidad del negocio.
En muchos casos, las empresas descubren que el daño no está cubierto por seguros tradicionales, ya sea porque no hubo un robo con violencia, un ataque cibernético formal o una responsabilidad claramente delimitada. Lo anterior obliga a absorber costos imprevistos, enfrentar reclamaciones de clientes y destinar recursos internos a investigaciones, procesos legales y reconfiguración de controles.
Entre los principales impactos del fraude en el transporte de carga se encuentran:
- Pérdidas financieras directas, como el valor total de la mercancía, penalizaciones contractuales, gastos legales y costos operativos adicionales.
- Afectaciones reputacionales, que impactan en la confianza de clientes, socios comerciales, proveedores y aseguradoras.
- Riesgos legales y contractuales, especialmente para transportistas y operadores que, aún siendo víctimas, pueden ser considerados responsables por incumplimientos en la custodia o entrega.
- Impacto laboral y organizacional, que puede derivar en despidos injustificados, clima de desconfianza interna o rotación de personal clave.
- Exposición de la alta dirección, ante la posible imputación de responsabilidades por no haber anticipado riesgos razonablemente previsibles.
Este tipo de escenarios ha llevado a muchas organizaciones a replantear su enfoque. Ya no se trata solo de reaccionar ante el incidente, sino de integrar la prevención del fraude como un componente del gobierno corporativo y la gestión de riesgos. La combinación de procesos disciplinados, validaciones claras y visibilidad operativa permite detectar anomalías que, aunque no confirmen un fraude por sí mismas, justifican una revisión inmediata antes de que el impacto sea irreversible.
En conclusión, el fraude logístico en el transporte de carga ya no es un evento aislado ni excepcional, sino un riesgo estructural que acompaña a la evolución de la cadena logística. La digitalización, la presión por la velocidad operativa y la fragmentación de los procesos han creado un entorno donde los esquemas de engaño pueden prosperar sin necesidad de forzar sistemas.
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Fuente: Nuvocargo